Una de las preguntas más habituales cuando se habla sobre TED (como organización y como eventos) y sobre TEDx se refiere a la naturaleza de estos eventos y, sobre todo, qué los diferencia del amplio conjunto de conferencias y charlas que llenan las mañanas y tardes de gran parte de nuestras ciudades (muchas de ellas excelentes, aunque, obviamente, algunas no tanto).
En 1984, Richard Saul Wurman, conocido, entre otros aspectos, por ser el creador de los conceptos “Ansiedad informacional” (“Information anxiety“) en 1989 y “Arquitectura de la información” (“Information architecture”) en 1979) y Harry Marks deciden crear unas conferencias en torno a tres temas que consideraban de gran interés: la Tecnología, el Entretenimiento y el Diseño (iniciales que constituyen el nombre TED).
En noviembre de 2001, la Fundación Sapling (creada varios años antes por Chris Anderson) toma el control de las conferencias TED y en el siguiente TED (celebrado en febrero de 2002 en Monterey (California), Chris Anderson expone ante la audiencia cómo tomó esa decisión y qué espera que el futuro pueda deparar para él, personalmente, y para TED (tanto para las conferencias como para la comunidad que se creó en torno al evento).
En esa exposición, muestra su trayectoria como periodista y editor (con publicaciones tan prestigiosas y claves en su momento como “Business 2.0“) y los grandes éxitos que le llevaron a cotizar en bolsa y contar con un grupo editor con más de 2.000 profesionales y más de 100 revistas. Pero también cuenta el modo en que le impactó la crisis de las puntocom de comienzos de siglo.
Y expone algo que muchas veces se olvida: esta crisis no tuvo sólo consecuencias económicas (muchas personas se arruinaron y muchas empresas quebraron) sino, y de forma más significativa, también tuvo consecuencias psicológicas individuales y, quizás, colectivas, destruyendo la autoestima de muchos que se vieron afectados que, de repente, y en sus propias palabras, pasaron de considerarse “héroes empresariales” a “fracasados” y “perdedores”).
En ese momento descubre TED (o redescubre, pues como profesional ya conocía estas conferencias) y lo que él denomina la “Experiencia total de la mente” que ofrecen sus ponentes, mostrando que, en realidad, todo está conectado y que la solución a los problemas de la sociedad pasa por descubrir estas conexiones entre elementos de múltiples y diversos campos: tecnología, medicina, psicología, antropología, etc.
Se asigna el puesto de “Custodio de TED” (“TED Custodian“) y la responsabilidad de velar por mantener el espíritu de TED hasta el momento, que resume en “la búsqueda de temas de interés, se encuentren donde se encuentren, a través de diversas disciplinas”
También enuncia lo que quizás mejor define, caracteriza y diferencia TED de otros proyectos similares: la búsqueda de la verdad en sí misma, la curiosidad hacia todo tipo de temas, la diversidad (tanto de enfoques como de intereses), el rechazo a los intentos de venta corporativos por parte de los ponentes (algo que todos hemos sufrido en más ocasiones de las que sería deseable), el intento de evitar los puntos de vista comunes acerca de cualquier problema o de sus posibles soluciones, etc.
No olvida, además, el enorme valor que para TED tiene la comunidad constituída en torno a las conferencias TED y, recientemente, los eventos TEDx que, desde cualquier lugar del mundo, ya superan la cifra de 2.000. Comunidad responsable de realizar más de 20.000 traducciones mediante subtítulos de las TEDTalks en los últimos 5 años (precisamente ayer se celebraba los 5 años del lanzamiento de las TEDTalks en abierto a través de su sitio web) y también responsable de haber visualizado más de 500 millones de veces los vídeos de las TEDTalks, además de otras contribuciones menos cuantificables pero tan interesantes o más que éstas.
Pero mejor dejar que sea Chris Anderson (con subtítulos en castellano) quien nos diga en febrero de 2002 lo que creía (y deseaba) que fuese TED. En mi opinión no sólo ha satisfecho plenamente sus aspiraciones sino que ha ido mucho más allá de lo que expone.